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Novato
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Leer

No sé a que horas me estáis leyendo, deseo a tod@s unas grandes bendiciones por parte de nuestro padre eterno.

 

Quería contaros que en este momento ando laborando en un horario contrario al de muchos de vosotros (mientras vosotros descansáis en tu cama con tus edredones y almohadas),  yo trabajo para brindar una excelente calidad de servicio a los clientes, que son mi motivación para hacer las cosas bien.

 

Se pasa desapercibido en mí lugar de trabajo, quisiera que esta comunidad no solo compartiera información basada en los servicios que presta Orange/amena como compañías hermanas, es importante hablar de eso, de las experiencias como clientes, de las cosas buenas y de las malas, pero ahora yo quiero leer esas anécdotas jocosas, chistosas o de momentos tristes que quisieran compartir, no solo conmigo, sino con muchos de los que pertenecemos a esta grandiosa comunidad; acá ninguno nos conocemos pero leer esas cosas enriquece nuestro vocabulario y nuestra cultura.

 

Namaste

Emoticono muy feliz

 

 

@OrlandoGreen

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Novato
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Re: Leer

Quiero yo comenzar con compartirles el fragmento de una pequeña obra que he esta escribiendo, espero opiniones

 

Muchas gracias.

 

 

                                                     LA NUEVA ERA DE LOS ELFOS DEL BOSQUE OSCURO.

 

CAPÍTULO I

 

 

AMANECER.

 

 

La historia comienza en lo más profundo del bosque, donde los humanos, según leyes establecidas por el rey, no pueden entrar, porque dicen que el bosque está **bleep** y otras cosas más.

 

Ron, hijo del rey y único heredero al trono de los McFirsons, merodeaba por los alrededores del castillo, probando el equilibrio entre los barandales que circundan el jardín del palacio y una pequeña muralla no de más de un pie de altura con sus dos manos extendidas una a cada lado haciendo puntapiés pasando un pie por encima del otro cuidando no resbalar, sintió de pronto un sílbido que ensordecía, era en un tono bajo pero estrepitoso lo hizo caer y se fue de bruces contra el suelo, al levantarse quiso ir hacia donde él escuchaba el ruido, lentamente caminaba, empinándose lo más que podía evitando hacer ruido con su calzado, no quería que la persona dueña de aquel particular y ruidoso sílbido se escabullera espantado.

 

Logró llegar hasta el final del jardín y encontró en frente dos cercos enormes con hermosas y olorosas flores, uno a su izquierda y el otro a su derecha, eran las flores favoritas de mamá, las rosas, las izquierdas rojas las derechas blancas, en medio de los dos murales había una portezuela por donde, según él, iban y venían los elfos al castillo, intentó abrirla pero algo del otro lado se lo impedía; hacía un esfuerzo sobre humano para abrirla pero era inútil se volvió hacia atrás pero antes de marcharse le dio un fuerte golpe a la puerta que la abrió y la dejó vuelta trizas, alguien se quejaba en medio de tanto escándalo por el fuerte golpe que le propinó a la entrada

 

-¿Te hice daño?- preguntó Ron.

-No hay nada que lamentar fue solo un rasguño, jadeando y sacudiendo el polvo de sus ropas dijo Alfred.

-Lo lamento, no quise hacerlo, solo que....

-Solo que la puerta era bastante pequeña para que entraras- interrumpió Alfred mientras se acercaba dando unos torpes paso sosteniéndose de su bastón

Alfred, una pequeña criatura con anteojos muy diminutos que solo se sostenían de su respingada nariz, tenía un sombrero en forma de copa color café, vestía un pequeño chaleco verde color oliva, una camisa de rallas laterales de tonos azul oscuro y rojo, un corbatín negro que lucía estupendamente bien con el pantalón que traía puesto, unas pequeñas botas con ligas de color naranja y al final unos pequeños pedazos de oro, su callado era en forma de serpiente, tan real era, que parecía que la serpiente en cualquier momento saltaría y cobraría vida.

 

-Mucho gusto su majestad, soy Alfred Moon III, -hizo una reverencia quitándose el sombrero y poniéndolo sobre su pecho se presentó ante el humano, soy miembro de la tercera familia de elfos del bosque, nos llamamos los Tuck, heredero al trono, hijo mayor de la dinastía Corazón de Roble y tercer comandante en la batalla contra los Elfos de Kanthos, vivimos cerca de tu reino porque nuestro oráculo nos ha enviado a protegeros, hemos sido avisados de que la soberana de las tierras bajas del sur y hechicera suprema de los Kanthos quiere gobernaros a ustedes y a todo su vasallaje,

 

-¿Cómo dices?- exclamó asombrado mientras rascaba su cabeza en señal de asombro,

-No hemos sido conquistados, mí padre, comanda las fuerzas más poderosas de todo el país, no hemos sucumbido ante nada ni nadie,- terminó la frase mientras se sentaba en el suelo y retiraba la funda de su espada de la cintura.

 

-¿Se tienen mucha confianza no?- interrumpió Alfred, con tono burlón,

-No he venido ante tí a desmeritar la fuerza y valentía con la que han luchado los hombres por la bandera de tu reino, al contrario, estoy acá solo para brindarles mi apoyo y el de toda mí familia Corazón de Roble, nos sentiremos orgullosos de servirle a tu padre, a tu rey, a tu bandera y a tu país- asintió con la cabeza, enseñando su espada con el emblema de la dinastía.

 

-Debo dejarte, se está haciendo tarde, -decía Alfred mientras miraba la hora en un pequeño reloj de bolsillo que extrajo del bolsillo derecho de su chaleco.

 

-Vuelve pronto- dijo Ron levantando su mano y extendiendo una despedida.

 

-Si quieres que vuelva lo único que tendrás que hacer es ir cada día al amanecer antes de que que el sol llegue a la mitad del cielo y en el reloj marquen las doce, a donde me encontraste, justo en el medio del portón de rosas, pongas en medio de ambos, un recipiente de no más de un litro de agua e introduzcas en el una aguja con el ojal hacia adentro y la punta hacia afuera, con eso será suficiente para que yo aparezca- terminó Alfred su frase y se desvaneció en medio de rayos de arco iris y envuelto en pétalos de rosas blancas.